Los valores que enseñan los cuentos clásicos

Los valores que enseñan los cuentos clásicos

Los valores que enseñan los cuentos clásicos

Los cuentos infantiles tienen una gran importancia en el desarrollo cognitivo y afectivo en los más pequeños de la casa. Estos les ayudan a conocer el entorno que les rodea, aprendiendo nuevas palabras y significados además de otros conceptos que tienen un carácter más moral. Estos últimos son los valores que enseñan los cuentos clásicos, que aunque siempre podemos contar con ellos, desde hace varios años, los cuentos están variando y no tienen tantos valores como los de siempre, por esto, queremos que sepas la razón de porque hay que leerle este tipo de relatos a los más pequeños.

Valores en los clásicos de siempre

Algo ha cambiado en la manera de redactar los cuentos que dedicamos a nuestros hijos o a los más pequeños y es algo que tan solo es posible notarlo cuando lees un relato de aquellos que nos contaban a nosotros frente a otro relato que ha sido escrito hace menos de diez años. La diferencia que se puede encontrar al momento es que los actuales pueden buscar algún que otro valor, pero no lo hacen divirtiendo al pequeño, son libros muy aburridos, que bien pueden tratar un tema en particular, hace que los pequeños no disfruten con dicha lectura y que al final, los valores que están intentando inculcar al niño, se pierda.

Los valores deben de ser introducidos de manera sutil en la persona, para que de esta forma los interiorice mejor, y es algo que conseguían los cuentos clásicos como el de Caperucita Roja. En esta historia teníamos a una niña que iba a salir a la calle para llevarle un recado a su abuela, pero por el camino se encontraba a un personaje con malas intenciones que buscaba engañar a la joven. Este cuento se puede extrapolar al propio entorno del niño que está leyendo, haciéndole reaccionar cuando se encuentra en la calle y una persona extraña busca su atención. El pequeño interioriza lo que ha ocurrido en el cuento y decide seguir de largo, sin hacerle caso, para evitar acabar como Caperucita.

Existen una gran selección de cuentos infantiles clásicos que tienen estos valores y que buscan enseñar algo. En algunos casos esta enseñanza se hace por medio de las famosas moralejas, que después de haber expuesto el cuento con la estructura de presentación, problema y resolución, se le añade al relato un pequeño texto que no son más de dos o tres líneas que te habla de lo que es aconsejable hacer para que todo vaya bien.

Cuentos que no pasan de moda

Aunque creamos que no, los cuentos de siempre nunca van a pasar de moda, porque tienen muchos factores que consiguen que, a pesar del tiempo, de las tecnologías y de que nuestro mundo está en constante movimiento, el pequeño disfrute con lo que está leyendo y es algo sumamente importante.

Por norma general, los cuentos actuales se olvidan de fomentar la imaginación y la creatividad del niño, dándole todo hecho y buscando en todo momento que aprendan algún concepto nuevo. Si no crees en esto, tan solo tienes que dirigirte a cualquier librería y abrir un libro infantil para darte cuenta de esto, el cual nada más ver el título puedes hacerte la idea de ello.

Algo importante en los cuentos clásicos es que siempre van a estar ahí y van a ayudar a mejorar los valores de nuestros hijos. Estos cuentos están ambientados en reinos lejanos, en el bosque, en animales fabulosos que tienen la capacidad de hablar y en niños que están hechos de madera. Los personajes los atraen y ven en ellos la duda, la superación y sobre todo, se divierten leyendo una y otra vez. Al hacer esto, el valor que se desea inculcar, se aprende solo, y el niño sabe por Pinocho que nunca hay que mentir, ya que puede meterse en muchos problemas, por Blancanieves que nunca aceptes comida de un desconocido, o de la cigarra y la hormiga, que es mejor trabajar a diario para conseguir lo que se quiere, que vivir de la holgazanería.

Estos cuentos clásicos van a desarrollar además su creatividad y sus ganas de seguir aprendiendo por si solos, y pueden llegar a reconocer el riesgo nada más verlos, como por ejemplo exponiéndoles por qué no hay que mentir, ya que ellos te contestarán que a Pinocho le crecía la nariz y eso lo hacía muy triste.